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La pasarela Cibeles -ahora rebautizada como Cibeles Madrid Fashion Week- celebró ayer su primer cuarto de siglo de historia. Veinticinco años y cincuenta ediciones, desdobladas en la temporada de invierno y la de verano, que ayer se dejaron felicitar en una jornada inaugural copada por el diseño
made in Galicia. Y es que seis de los creadores que mostraron sus propuestas (tres en la pasarela de los consagrados y otras tantas en la de los noveles) eran gallegos.
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Pero las guindas del pastel de cumpleaños de esta Cibeles fueron, sin duda, Roberto Verino y Adolfo DomÃnguez, que regresaron a la emblemática pasarela años después de abandonarla y presentaron colecciones muy diferentes entre sà pero igualmente aplaudidas.
DomÃnguez, que afirmó que regresaba «para quedarse», se mantuvo fiel a su filosofÃa: sencillez y elegancia, tanto para ellas como para ellos. Emulando a Balenciaga, del que se confiesa admirador, deslumbró con la sencillez y el gusto por la estética de la costura de los cuarenta y los cincuenta, que considera «momento áureo» de la costura.
Asà lo mostró en su propuesta para el próximo verano, con seda y lino para ellas y lino y algodón con alma de metal para ellos. Elegancia y sobriedad para vestidos y faldas con drapeados, nudos y frunces, cinturas marcadas y escotes asimétricos. LÃneas fluidas en rosa pétalo, malva empolvado, frambuesa y aceros.
La sobriedad de DomÃnguez contrastó con el aplaudidÃsimo exceso de José Castro, que rompió radicalmente con el estilo de su primera aparición en Cibeles, ofreciendo una colección en la que los teñidos, arrugados, reciclados y coloridos vestidos fueron los reyes indiscutibles. Imaginación frente a escasez.
Y, como fin de fiesta, tras la colección de baño de la catalana TCN, Roberto Verino se apuntó a la fantasÃa y la emoción con una apuesta dominada por el negro y el blanco y con alguna pincelada de color. Brillos y lujo que tiñeron una pasarela en la que desplegó su alma creativa.